La luz plateada
que se filtra por los cristales
en medio de la noche eterna
vaga por mi espíritu insomne.
El sueño se ha fugado por los párpados
y yaces dormida, tranquilas,
con el arrullo del viento gélido
que se escabulle como intruso
llorando un suspiro inconcluso
de mis labios a tus labios....
Entre sombras aparece tu rostro
e la sonrisa que escapa de tu boca
me deleito en fantasías con tu cuerpo
y me callo cuanto te veo.
No creo que aún te ame,
es demasiado grande para pensarlo
sólo que floto por la noche
con sólo recordarte
y una estrella fugaz
me trae a la memoria tu cabellera,
un par de luceros
son tus ojos mirándome.
La noche es eterna
y mi alma perenne
tu nombre tan corto
y a la vez tan sublime,
un beso se convierte en deseo
y mis palabras huyen al mirarte,
la luna es mi único testigo
y el silencio mi refugio
el frío atormenta la piel
y no decirte nada es la hiel...
No te amo,
eso ya lo escribí
solo que eres el fuego
que arde en mis entrañas,
y es tan raro al decir
que para amarte,
por conocerte
no he podido amarte.
Si le pregunto al sabio búho
no me dirá palabra alguna,
una luciérnaga brillará en la oscuridad,
un murciélago sus alas extenderá,
la noche con su manto caminará
y el insomnio a mis ojos
no lo dejará soñar.
Tu yaces a esta nostálgica hora dormida
y o distas mucho de mi cuerpo,
sólo un muro se interpone
ante tu belleza y mis ojos,
sólo el miedo de conocerte
no me ha dejado llegar a ti...
Vuela en tus sueños
al ala de mariposa
y en su delicado movimiento
posa aquel beso que no me has dado
encima de mis párpados;
navega por la vida
que yace dormida
buscando la felicidad escondida
y aquellas caricias perdidas
de mis manos que tiemblan
por sólo admirarte
aunque yo no te ame
¡Tengo miedo!
La muerte es tan fría y helada
que parece esta noche insomne,
un nocturno escrito por Silva
o una canción desesperada
de Pablo Neruda,
amigos que me acompañan con sus versos
amantes que escuchan mis desvelos,
los que me aconsejan
lo que habré de decirte
y no me atrevo aún hacerlo.
Navega un barco
por la inmensa mar
se desliza suavemente por las olas,
lleva escrito un nombre,
el tuyo...
lo capitanea como único marinero
un solitario hombre,
ese soy yo...
guío su timón por la noche serena
dejando una estela de estrellas,
la acompaña el silencio
profundo de sus meditaciones
lleva una pena en el alma
lleva una herida en la pena,
lleva una alegría en la herida,
dejo tu nombre escrito en al arena
y una carta escribió
en una hoja blanca de papel;
pensó que algún día la leerías
más se le olvido al partir
entregársela al cartero
para que te la llevará a ti...
No interesa lo que decía la carta,
sólo lo que le pasó a ella:
se convirtió en avión
la hojita de papel,
aquella que navega por tus sueños
en los aires de tu respiración
y procura que no tenga desvelos
como el alma de aquel soñador.
La cobija tendida está sobre mi cuerpo,
el frío en una silla se ha dormido,
la luna aún sueña
con aquello que no he escrito;
se desliza la pluma por la página
tratando de descubrir este martirio;
los segundos transcurren como horas,
el discurso yerto como espíritu
se ha tendido en la cama de la noche,
mi cuerpo aún reposa desvelado,
y tu nombre... tu bendito nombre
me mantiene en este suplicio.
¡Oh, mujer! Maquiavélica invención de Dios,
que ser tu flecha envenenada
a mi cuerpo lentamente matas,
dadme el descanso
a mi alma aprisionada,
un infierno de catacumba
en esta noche lenta y larga
de una sombra y otra sombra
que al acecho de mi espíritu
saltas con tu espectral imagen
de irónica belleza satirizada
a devorarme como fiera salvaje,
sin ni siquiera osar pedir permiso
para en mi corazón incrustarse...
¡Oh mujer! ¡Oh delirio mío!
sueño de mi fantasía
que en lúgubres trasnochos
sueño que eres mía,
que de mis labios afloran palabras
que aún no siento que sean verdad
y escucho de tu boca
aquello que aún no me atrevo a escuchar.
Y es una noche eterna
esta noche lenta;
mas no digo que estés muerta
sólo que aún vives
en los párpados de las estrellas,
en las trenzas del cometa,
en la risa blanca de la luna,
en tu silueta escondida entre las sombras,
al otro lado del muro
de roca, piedra, yeso, cal,
tan cerca de mis manos,
tan lejos a mis sentires.
No te amo y te pienso,
no me persigues y te quiero
¡Oh! ¿Qué daría para que acabara
el suplicio de esta noche?
¿El sueño se compadeciera de mí?
¿Olvidaría que tu existes?
¿Olvidara que te amo?
Sin ni siquiera pensar en recordarte
Sin ni siquiera pensar en amarte...
No hay comentarios:
Publicar un comentario