Con mi pluma pescaba poemas
a la orilla de la mar,
era una tarde de lánguida belleza
cuando los pasos perfilados en la arena
llevaban mis ojos directamente hacia ella,
le extendí el trozo de papel
con un corazón y unas letras
donde a sus manos bellas
fue a descansar
dándome a cambio una etérea sonrisa,
sus ojos se perdieron entre las estrellas
y alcance a leer en ellos
la tristeza del alma
confundida con alegría de todo su tembloroso ser;
le extendí mis brazos para darle cobija
y ella me dio sus labios regalándome un beso,
la abrace con ternura y le di amor
mientras la brisa salada nos traía de la mar
una canción de marinero y el rumor de un delfín,
las gaviotas en el cielo en grácil movimiento
y ella solo en ese instante junto a mi;
le dije; te amo, esa misma noche
mientras contábamos estrellas,
me dijo, te amo solo por hoy
por un mañana estaré en tierras lejanas;
amaneció otro dia, otrora el sol salió
y alcance a contemplar como ella al irse
sumergiendo lentamente en el agua
en sirena se convirtió
y el mar se la tragó.
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