martes, 17 de agosto de 2010

LA PLUMA EN LA MANO

La pluma en la mano

lista a escribir,

la hoja en la mesa

con aquellas palabras inconclusas,

la caligrafía es esbelta,

la luz un poco tenue

brota de una vela,

la sombra del cuerpo

yace a la espalda

entre el piso y el techo;

se acomoda la manga un poco,

ha estado estorbando,

un puro yacen en el cenicero

a medio quemar

elevando su aroma a tabaco

por la oscura habitación,

una copa también

ocupa un espacio de mesa,

podía ser whisky o ajenjo,

también agua, no se sabe.



Observa con los ojos ávidos

las líneas ya escritas

apuntando con la pluma

para hacer cualquier conexión

son aquellas letras

un espejo de epigramas

de su compleja personalidad

y con inocencia,

más también con un toque de locura

las devora con la mirada,

podía haber algo más

en el oscuro aposento

más nada en el mundo

lograría desconcentrarte.



Son sus ojos

tan devoradores en este instante

con la letra virgen,

la reina profana

que nace en su alma

y yace morada en la hoja

que mece en la mesa,

acariciándole dulcemente

como piel amada

y sólo al poner el último punto

esboza una sonrisa

y la lee como si nunca

la hubiese leído

y mucho menos

el haberla escrito

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