Quisiera cantar
la triste pena de mi alma
pero el llanto lastimero
que me dejan tus migajas
lacera en las noches amargas,
y la sed abrazadora
la siento en mis pasos
de un hombre que ya está cansado,
que en su caminar lerdo
lleva el peso de los años...
Mis pasos tiemblan,
mi mirar es esquivo
no me siento seguro
si no es en la soledad de mi tumba
donde en sus tiesas paredes
el calor de un hogar destruido
me consuela en este martirio,
donde afligido
tu fotografía no se sostiene
entre mis manos
y las lágrimas como cascadas
se confunden con el frío
de la noche sin fin
Es el tormento del ser
que en su esquizofrénica mente
el delirio se apodera
de un cuerpo débil,
que está en el límite
de la razón y la sin razón
que en una mesura sin mesura
lo lleva de la cordura a la locura,
por sentir que aún ama
a un ser que se alejó
la mañana de cualquier día,
el último día
de cualquier mañana.
Si para amar
se debe estar loco,
para amar a un ser ya lejano
se debe estar en un manicomio,
y tu, si estás lejos
y no me amas,
y yo, si aún estoy cerca de mí
y te amo;
es azul el cielo
y la verde esperanza
de que mis labios besen
la suavidad de una nube
no se marchita con tu partida,
solo es una meta incumplida
porque soy aborto
de un mal parido ser
de tus entrañas de mujer,
que vio la luz cuando te besó
y lo más profundo del abismo
cuando tu corazón lo dejo...
No pido perdón,
no lo merezco;
no pido que me ames
si ya no me amas,
no voy a dejar de amarte
aunque el tiempo recorra distancias;
se secaron los mares,
un día después de que muera,
llorarás al verme en ataúd
mas no valdrá la pena;
estaré alegre, sonriente,
simplemente feliz
cuando ya no esté en mi habitación
pero sí debajo de cuatro paladas de tierra
en un rincón del cementerio
y olvidado al transcurso de los años
como lo has hecho tu por mí...
Sé que te encuentras lejos
y yo paso los días fumando
pero, ¿Qué te importará
saber lo que sucede al hombre
que más te ama?
Nada.
Sabes que no soy el mismo,
sólo soy un loco,
con la razón de la sin mesura,
la locura de la mesura,
y la sin razón de la locura;
confiado el día de ayer
con el de hoy...
Dicen que hablo sólo,
pero, no es verdad...
es que ellos no ven con mis ojos
lo que yo puedo ver;
tú, sentada en una silla
con tu cara bonita
y yo estrictamente
declamando mis versos para ti...
Dicen que le hablo a una silla,
y es que no te ven a ti
¡desnuda¡
impúdica, sarcástica e irónicamente
¡Desnuda!
Sentada en aquella silla...
Dicen que estoy loco...
loco por oír tu silencio
el cual me da de palos con tus ojos,
me golpea con tus labios
y se esquiva con tus manos...
y siguen diciendo que la cabeza
ya la perdí,
lo que pasa es que no la he
vuelto a encontrar...
y por último, también dicen
“ya creó su propio mundo”
no, eso no, sólo
vivo contigo, estando sin ti...
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