Tocarte, tomarte,
acariciarte en extremo,
a cuerpo desnudo
sentir tu vientre arder,
tu fuego al amar
desgarrando mi virtud
- si aún queda virtud -
bajo la fortaleza de tu sexo,
descubriendo,
- si hay que descubrir -
que amor y erotismo
se separarán al arribar la lujuria.
Te amo.
No. No es que te amo.
Mentí.
Soy feliz tocando tus senos,
posar mis labios en los tuyos,
luego,
en el sexo.
No te amo,
solo te deseo
mi niña,
mi puta
cuyo coño ardiente
lascivia en ti
quema la piel
hasta no sofocar su fuego.
¿Sólo ardes conmigo
mi niña, mi puta?
¿otros amantes
prenderán tu calentura?
Infierno que me incinera
bajo la lujuria...
¡Qué importa mundo
si yaces en mi dominio!
¡Qué importa mundo
si en el lecho te poseo!
Si mil amantes tienes,
o sólo yo merezco favores,
no importa saberlo,
si ahora gozo de los honores,
por eso humedezco los labios
y luego en suave mordisco
mientras te miro aprieto,
porque anhelaría eternamente
retenerte desnuda en el techo.
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