Qué duda cabe, el que nos amemos
al meditabundo vagar de la luna
por los pensamientos filosóficos
que en umbría tan petrificada
rondan la sensualidad etérea
de una estatua inmóvil
sea de botero o Miguel Ángel
o mi propio cuerpo ardiente
tan voluble a tus besos
como a tus hipnotizantes caricias
que de ignorar mis sentires
nos convierte en cómplices
de cada excitante deseo….
A través de fragmentos de sol
una mariposa se incinera,
otra escapa cual veo ausente,
la tercera se pasa en tu espalda
erótica, lívida, morbosamente desnuda,
de sueños románticamente fantasiosas
de una meditabunda rosa,
que de su capullo abierto
destila a borbotones polen
y el aroma de la frescura
mil veces amado,
mil veces anhelado,
olvidándose una realidad
que no es más que la mía…
No cabe duda que nos amamos
que los montes se elevan
y los mares son profundos
más la metáfora de la vida
que se escribe a cada nueva página
un dolor, una alegría, un sufrimiento,
un nacimiento, una muerte,
Y todo se define aquí en la muerte….
la compañera fantasma
de nuestros últimos momentos,
pero le puedo hacer el amor
A tú somnoliento, pálido cuerpo,
cuando yaces ya dormida
al insomnio del día
que aún no ha llegado
pero ya se fue.
No cabe duda que nos amamos,
que duda vá a caber
en la vía láctea
que desprende tu pecho
o en la miel dulce y lechosa
de la cueva de tú sexo,
o en el rocío de tú piel
excitado y extasiado en el clímax
de una desnudez perpetúa
o el rítmico bamboleo
De tu sádica cadera
bajo la transparente trusa
que me hace añorar
poderte ya amar
con la ternura de infantil inocencia
que será más que santa pureza
beatificada por el descubrimiento
deliciosos y dulce del sexo…
Más tú así vestida
no hay ni menor duda,
ni existe incógnita alguna
o hipótesis por solucionar
ni teorema indefinido
o formula por resolver
para saber
porque es que nos amamos
cada día más…
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