Al detallar la profundidad
enigmática de tu mirada,
al escuchar hechizado
el brebaje de tus palabras,
apareces como la versión
eternamente femenina de Ulises
por la Odisea de tu historia
rumbo a Ática
al intentar sortear
los misterios de las olas
y los cuestionamientos del viento.
Es un laberinto psicoanalítico
lo que haces de la vida
llevándote a escudriñar
en los oscuros pasajes
del interior humano
lleno de misticismo y encanto
al estilo más freudiano
o de escuela afrancesado.
Más en los paradigmas de la vida
me atraes con sortilegios
del embrujo de salem
y en noche de 31
caigo bajo el hechizo
de tu extraña belleza,
tan irrepetible creación
de todo un Dios
que en ti sobró perfección
bajo el lienzo del pintor.
Y entre olas de la mar
los delfines conmocionaron
y las sirenas envidiaron
cuando de espuma perpetua
al amanecer de un antaño día
de una concha alada
emergió un fruto especial,
una mujer idolatrada
símbolo del amor perfecto
con afrodisiaco nombre.
Los griegos te invocaban,
los romanos se confesaban
y al templo eregido en tu honor
las parejas hacían votos;
ya desde esos tiempos
perdidos en la memoria
mil historia brotan en tu nombre,
cientos de escritos
plasma tu misma esencia
y tantos te han pintado
pero solo uno plasmo
la magnificencia de tu belleza.
Boticelli creó
entre tantos cuadros
uno de singular belleza,
y con la diestra mano
revivió el instante
sublime de tu nacimiento;
por modelo, una mujer,
¡Vaya mujer! ¡sus!
Que si hoy te viera
sabría que eres su creación.
Y de entre todas las musas
que a un artista se le presentara
hoy en día, no sé,
si perderme en tu tristeza
o ahogarme de alegría
al tiempo no existir
cuando me encuentro a tu lado
y al decir adiós
no entiendo los motivos
de la tristeza al rondar mi alma
y saber que Venus
es una diosa humana
y yo un mortal hombre
que nunca llegará a ser
el Eros de tu amor
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