Ya duermes en cama fría
de dura contextura,
tan bello cuerpo reposa
en el descanso que no tiene fin,
tus ojos ya duermen
en el abismo de la eterna noche,
y aún así pareces durmiendo
en el más tétrico cuadro.
Unos cirios vigilan tu sueño,
mientras que las lágrimas
ardientes de su llama
descienden por la frágil esperma
a su base de bronce,
y lloran al hacerte guardia
la noche de un velorio,
sepelio de los dolientes,
partida de los tristes,
viajen sin retorno...
Las coronas casi cubren tu ataúd,
flores que se marchitan
junto a tu mortaja;
olor de muertos,
un aroma que no parece cierto;
fragancia de jazmín, violeta y rosa,
para aquella que es primorosa
y siempre fue hermosa...
se confunde su aroma
con el llanto de las ceras,
y perfuma tu tiesa madera
tratando de perseguirte
a donde tu vayas,
y tu fresco perfume
inunda todo mi cuarto,
parece que caminaras
por donde ya no van tus pisadas,
parece que andaras
por donde tu pie ya no descansa...
¡Y tu cama!
Su oscuro y trasnochador color,
de un negro que se confunde
con la interminable noche,
hecho de caoba, cedro o pino,
sarcófago que guarda tu cuerpo
en la tumba bajo tierra,
hasta que al día de exhumar
tus restos, en tus pálidos huesos
se halla perdido la belleza
que al interior de tu vestido blanco
llevas puesta,
no existan tus senos
que tantas veces acaricie,
tu sexo desaparecido,
cueva de leones,
de donde extraje la más pura miel;
tus piernas, tus caderas, tus manos,
ya no existan más;
y tus labios
de donde escuche palabras
nacidas de tu corazón que ya no late más...
silencios que parecen eternos,
y ahora se que es la eternidad:
es vivir un minuto con tu presencia
y una hora sin ti...
Y tus labios que ya no están,
esos labios
de donde brotan besos
que ya no pasaran en mis labios...
Escucho los rezos...
Letanías que nunca terminan,
murmullos que apenas me eran audibles,
palabras que para mí
ya no tienen ningún tipo de sentido,
porque no hay nada
que me consuele en mi dolor...
¿Para qué decir
frases que no significan nada?
¿Por qué mencionar tonterías
que no calman al alma?
¿Acaso lo que hagamos
en memoria del que murió
le dará el descanso que necesita?
No existen las respuestas,
sólo... que preferiría el silencio
de sólo una contemplación
a tu yerto cuerpo
al murmullo de los que no han muerto.
El incendio se eleva con las palabras,
el humo espesa los sentimientos,
la atmósfera se hace pesada,
el aroma de las flores,
la fragancia de ella,
se extiende por el salón
se eleva a los cielos
y me conduce a los infiernos...
- Ella ha muerto –
me lo recalca el aroma;
- ella ya no está –
me lo dicen las velas;
- ¿Para qué la lloras si ya murió?
Así me habla el ataúd;
- Resígnate hombre, te acompaño en el dolor –
me dice una voz
que no tiene idea de lo que es mi ardor...
Y sentado en esta silla
se me escapa un largo suspiro,
las lágrimas llagan mi rostro,
su filudo borde lacera mi alma,
y la muerte danza con ella un vals
como su pareja
y con el silencio como orquesta...
Me levanto...
camino junto a su mortaja,
abro la tapa,
la veo irónicamente sonriente,
paso mis labios
en el hielo de su boca,
una lágrima mía
se deposita en su blanco rostro;
cierro... y salgo a caminar
cuando ya amanece un nuevo día
y el viento de la mañana golpea mi faz;
prendo un cigarro,
aspiro el humo,
me alejo sin afán del lugar;
pienso... reflexiono... medito...
ella murió...
y yo aún sigo vivo...!
¡Sus!
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