domingo, 2 de mayo de 2010

LABERINTO CAPRICORNIANO. CAP 1.

Entro al bar que frecuentaba constantemente para olvidar la monotonía de su trabajo, el cual era su primer pensamiento al ingresar a las 7 religiosa mente a este lugar.



En la "Cueva de Caín", como se llamaba este antro, conoció chicas con las que salia, tal era el caso de francy, una mujer que disfrutaba en todo su esplendor: trigueña de piel suave, cabellera larga, cara uniformemente bella cuyos tayados vestidos, cortos en la falda y con un insinuante escote hacia de maravillas en la cama. Empezaba a jugar sensual mente desde antes de llegar a la pista; sonaba la música de un grupo alternativo que tocaba variedad de ritmos el cual envolvía en un contagioso frenesí al ritmo de la batería: papapa, pa, pa; papapa, pa, pa...


Ella caminaba lentamente, era la reina del lugar y el no podía escapar a su embrujo, verla danzar en medio de la multitud, la música, la risa, el humo de los cigarros era otra forma de descubrir nuevos senderos de imagenes desconocidas que llevaban al éxtasis. Se le acercaba y le mordía el lóbulo de la oreja, diciéndole: sigueme; le obedecía cual cordero guiado al matadero, lo sabia, lo ocultaba...


Atravesaban el sitio hasta el medio de la pista, la música cambiaba a un ritmo mas erótico; todos estaban enardecidos, mas ella estaba impávidamente serena, era la directora de la coreografía, el solo se limitaba a seguirla; pronto eran la atracción del lugar: los provocativos movimientos eran una insinuación a los presentes, ella se acariciaba y el por la espalda la abrazaba tocándole su cuerpo, sus senos, su cintura, sus piernas, su sexo, así bulgar, artístico, sensual, clásico... era un baile de sexo y erotismo puro, que bajo aquel ambiente era permisible.


Todos aplaudían al compás de la música: "plaplapla,pla; plaplapla,pla" tres seguidos, uno largo. Ella sonreía, manipulaba la situación con su belleza, su sensualidad, su erotismo, su lujuria; mas pronto, tal vez por envidia parejas salían a bailar. Ellos salían y la música volvía a cambiar.


En la madrugada llegaban a la casa de Francy y esta a veces hiba a la cocina mientras el se quedaba tomándose un trago en la sala; cuando no regresaba pronto, el se dirigía a la cocina donde la encontraba tomando un vaso de agua; ella lo miraba y le daba la espalda, el se acercaba, le besaba el cuello mientras ella cerraba los ojos estremeciéndose al unisono que el le pasaba las manos por las piernas, acariciándolas, sintiéndolas; luego seguía su camino hasta los senos apretándolos, jugando, masajeandolos; ella le cogía una mano y se la colocaba directa mente enzima de su sexo, los dedos de el se movían allí mientras la giraba para besarla en la boca mordiéndole los labios y desgarrándole la blusa de un tirón, le besaba los senos aun bajo el brasier bajando hasta al vientre...


Cuando estaba a punto de arrimar a su sexo, ella salia medio desnuda corriendo aveces por las escaleras, otras dirigiéndose al sofá donde se abrazaban y cuales fieras hambrientas en un festín se desnudaban el uno al otro hasta el fin, y así desnuda cual Afrodita la tocaba arduamente, le observaba el coño y le daba un beso en el para luego con la lengua ponerla a ver estrellas.


Al momento pleno eran una sola gota de agua que en exceso se bebían todo con la gula que los envolvía hasta al, instante del climax, un grito ehxalar y rendidos hasta las horas de la mañana quedar.


Cuando ya amanecía, el se sentaba a fumar en el balcón sintiendo el sol de un nuevo día en su piel.