SINFONÍA DE LA NATURALEZA MUERTA
Arde, quema, lava caliente,
de las entrañas de la tierra
al interior de mi cuerpo,
un río de fuego
que origina la vida,
cáliz que vierte tu vientre,
vía láctea de sinfonía estelar,
una erupción de mi cuerpo
un temblor que estremece el tuyo,
las placas tectónicas de nuestros continentes
en terremotos colosales
al vernos unidos tu y yo
eclipsando todo lo humano
en plenilunio con lo divino...
así es un recuerdo
como el viento pasajero,
un suspiro, un ventarrón,
un huracanado sentimiento
del Limbo al Olympo
entre atmósferas de pensamientos
y mares de infinita tristeza...
Olas...
Gaviotas...
Barcos...
Islas...
Ocasos...
Antiquísimas historias
de los sitios más secretos,
pero, ¡ah!, ya olvidados...
Cuando en la playa me mecía
en esa vieja hamaca,
y con mi mirada perdida
seguía tus pasos por la arena,
blanca y tibia...
Lluvia de estrellas
caída en la tierra...
venidas de constelaciones lejanas
a fundirse con el sabor salado
de la mar,
y mis lágrimas perdidas
aquí en la ciudad...
Veo los montes,
me pierdo en la espesura de la selva,
del suelo las flores,
del techo las copas abovedadas
de los árboles,
verdes como la esperanza que aun tengo,
de mil formas como los fantasmas
que aún me persiguen...
oigo el canto de mil aves
trinos, graznidos, chillidos,
que no me dejan de llegar:
mil colores formas sus plumajes
del lienzo más bello
pintado por el creador...
tu voz...
se repite como un eco;
balada triste,
humanamente triste
de melodiosa canción
que de nostalgia vive un recuerdo
en el túnel de lo que es el tiempo...
Huyen tus formas
en sagaz escape felino,
rápidas al pasar los días,
lentas al llegar la muerte...
tus ojos me vigilan
desde la oscuridad...
¡Oh, lechuza de mis noches!
¡Oh, gélida mujer de mis deseos!
¡Oh, ángel nocturno!
¡Oh, infierno mío!
No sabes lo que me hacen tus ojos
con su lejano mirar,
extraviado en la nada del vacío eterno.
Siento el aroma de una rosa,
un jazmín, una adalía,
me deleito con su delicada fragancia
y me llega el olor a mujer
el cual se desprendía de tu cuerpo
y se impregnaba en el lecho
las noches enteras de pasión,
locura y entrega total al amor...
me entregué a ti
cada noche,
cada día,
cada instante en que sufría
la ausencia al momento de marchar
tus zapaticos de charol
llevándote lejos de mí;
y me entregué a ti
como la semilla a la tierra
para germinar en tus cuidados,
al abono de tus caricias,
al fertilizante de tus besos,
al plaguicida de tus verdades,
a los nutrientes que me brindabas
por ser solo tú,
y nadie más que yo...
Mas lo que germinó en mí
en tierra mala lo había sembrado,
porque fue tu corazón de tierra
desértica extensión
de arenas que se movían
y soles que deshidrataban
mi ya angustiado, en esos días,
corazón...
Siento el frío
que cala en mis huesos,
es la noche bohemia
de brindis y cuanto trago
que entre canciones y versos
buscó desahogarme en otros brazos
de aquello que los tuyos
ya me han negado...
triste sinfonía
la de mi naturaleza muerta,
las hojas en otoño han caído,
ya el invierno a mí ha llegado
con la primera cana,
la cual la llevó en mi alma...
Los lagos son espejos de hielo,
los copos son lágrimas congeladas,
ya han emigrado las aves
a tierras más cálidas,
ya el oso a su cueva
se ha ido a invernar,
no queda nadie más que yo
vagando por la estepa,
siempre, desde que si fue
la primavera;
monotonía de cada día de
desde que marchaste...
Pero sé, que algún día
volverá el verano
una mujer hará florecer el amor en mí,
y el fuego que sentí en las entrañas
de mi melancólica alma
no será más ausencia
desde que te perdí;
saldrá un nuevo amanecer
con un sol que brillará más,
sin nubes grises en el horizonte
presagien un mal augurio,
ni tormentas huracanadas
que de la mar picada
jueguen con la frágil balsa
de mis sentimientos,
hasta hacerla zozobrar
como lo hiciste tu por mi...
tampoco digo
que será un camino de pétalos
sin que me hieran las espinas,
o serán apacibles los días
sin que ningún temblor
estremezca mi vida;
no digo que siempre reiré
porque habrán momentos
en los cuales lloraré,
y aunque sufra de soledad
siempre llegará el momento
en que ella me acompañará...
Por eso mismo
creo que aún sigo vivo
por la esperanza que un día llegará
y que a ti otra me hará olvidar;
mas por el momento
camino por la calle solitaria,
la lluvia me baña
y una filuda lágrima,
perla de mi alma,
transparente por el sentimiento
que aún mi corazón te guarda...