miércoles, 15 de febrero de 2012

SINFONIA DE LA NATURALEZA MUERTA

SINFONÍA DE LA NATURALEZA MUERTA




Arde, quema, lava caliente,

de las entrañas de la tierra

al interior de mi cuerpo,

un río de fuego

que origina la vida,

cáliz que vierte tu vientre,

vía láctea de sinfonía estelar,

una erupción de mi cuerpo

un temblor que estremece el tuyo,

las placas tectónicas de nuestros continentes

en terremotos colosales

al vernos unidos tu y yo

eclipsando todo lo humano

en plenilunio con lo divino...



así es un recuerdo

como el viento pasajero,

un suspiro, un ventarrón,

un huracanado sentimiento

del Limbo al Olympo

entre atmósferas de pensamientos

y mares de infinita tristeza...



Olas...

Gaviotas...

Barcos...

Islas...

Ocasos...

Antiquísimas historias

de los sitios más secretos,

pero, ¡ah!, ya olvidados...



Cuando en la playa me mecía

en esa vieja hamaca,

y con mi mirada perdida

seguía tus pasos por la arena,

blanca y tibia...



Lluvia de estrellas

caída en la tierra...

venidas de constelaciones lejanas

a fundirse con el sabor salado

de la mar,

y mis lágrimas perdidas

aquí en la ciudad...



Veo los montes,

me pierdo en la espesura de la selva,

del suelo las flores,

del techo las copas abovedadas

de los árboles,

verdes como la esperanza que aun tengo,

de mil formas como los fantasmas

que aún me persiguen...



oigo el canto de mil aves

trinos, graznidos, chillidos,

que no me dejan de llegar:

mil colores formas sus plumajes

del lienzo más bello

pintado por el creador...



tu voz...

se repite como un eco;

balada triste,

humanamente triste

de melodiosa canción

que de nostalgia vive un recuerdo

en el túnel de lo que es el tiempo...



Huyen tus formas

en sagaz escape felino,

rápidas al pasar los días,

lentas al llegar la muerte...

tus ojos me vigilan

desde la oscuridad...

¡Oh, lechuza de mis noches!

¡Oh, gélida mujer de mis deseos!

¡Oh, ángel nocturno!

¡Oh, infierno mío!



No sabes lo que me hacen tus ojos

con su lejano mirar,

extraviado en la nada del vacío eterno.



Siento el aroma de una rosa,

un jazmín, una adalía,

me deleito con su delicada fragancia

y me llega el olor a mujer

el cual se desprendía de tu cuerpo

y se impregnaba en el lecho

las noches enteras de pasión,

locura y entrega total al amor...



me entregué a ti

cada noche,

cada día,

cada instante en que sufría

la ausencia al momento de marchar

tus zapaticos de charol

llevándote lejos de mí;

y me entregué a ti

como la semilla a la tierra

para germinar en tus cuidados,

al abono de tus caricias,

al fertilizante de tus besos,

al plaguicida de tus verdades,

a los nutrientes que me brindabas

por ser solo tú,

y nadie más que yo...



Mas lo que germinó en mí

en tierra mala lo había sembrado,

porque fue tu corazón de tierra

desértica extensión

de arenas que se movían

y soles que deshidrataban

mi ya angustiado, en esos días,

corazón...



Siento el frío

que cala en mis huesos,

es la noche bohemia

de brindis y cuanto trago

que entre canciones y versos

buscó desahogarme en otros brazos

de aquello que los tuyos

ya me han negado...



triste sinfonía

la de mi naturaleza muerta,

las hojas en otoño han caído,

ya el invierno a mí ha llegado

con la primera cana,

la cual la llevó en mi alma...



Los lagos son espejos de hielo,

los copos son lágrimas congeladas,

ya han emigrado las aves

a tierras más cálidas,

ya el oso a su cueva

se ha ido a invernar,

no queda nadie más que yo

vagando por la estepa,

siempre, desde que si fue

la primavera;

monotonía de cada día de

desde que marchaste...



Pero sé, que algún día

volverá el verano

una mujer hará florecer el amor en mí,

y el fuego que sentí en las entrañas

de mi melancólica alma

no será más ausencia

desde que te perdí;

saldrá un nuevo amanecer

con un sol que brillará más,

sin nubes grises en el horizonte

presagien un mal augurio,

ni tormentas huracanadas

que de la mar picada

jueguen con la frágil balsa

de mis sentimientos,

hasta hacerla zozobrar

como lo hiciste tu por mi...



tampoco digo

que será un camino de pétalos

sin que me hieran las espinas,

o serán apacibles los días

sin que ningún temblor

estremezca mi vida;

no digo que siempre reiré

porque habrán momentos

en los cuales lloraré,

y aunque sufra de soledad

siempre llegará el momento

en que ella me acompañará...



Por eso mismo

creo que aún sigo vivo

por la esperanza que un día llegará

y que a ti otra me hará olvidar;

mas por el momento

camino por la calle solitaria,

la lluvia me baña

y una filuda lágrima,

perla de mi alma,

transparente por el sentimiento

que aún mi corazón te guarda...

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